Anoche estabamos cenando en el "chino" del barrio cuando dos "gamberros" (uno con chaqueta blanca) tiraron un petardo dentro. En el pasillo de entrada estaban jugando mi hija, de 8 años con otra niña, más pequeña, hija de alguno de los propietarios. La explosión fué muy ruidosa.
Por fortuna Carmen vió a tiempo el petardo y salió corriendo. Solo una chispa le llegó a la camiseta (por la espalda) y le hizo un agujero. A la otra niña tampoco le pasó nada milagrosamente.
Fué tambien suerte que tardara unos instantes en darme cuenta de lo que había pasado [me pareció un chispazo de algún aparato]. Tuvieron tiempo de huir. De haber alcanzado a alguno de esos hijos de puta, me dolerían los nudillos al escribir estas líneas.
La gracia, todavía no se la he encontrado.



